martes, septiembre 28, 2004

El día está destellante. Salgo del trabajo, (un lugar algo oscuro) entornándo los ojos y protegiéndome de esta luz tan deslumbrante. Me duelen los pies.
Encuentro un par de calles adelante una compañera de escuela de hace algunos años.
- ¡tanto tiempo sin verte!, me da gusto que nos hayamos encontrado, ¿como estás? ¿cómo te ha ido?
(demasiadas preguntas y tan poco que quiero contestar)
- A mi también me da gusto verte, y pues me voy bien, recuperándome de una operación reciente.
(información que se me "chispoteo")
- Pero veo que ya estás bien, me da gusto, ¿me das tu dirección de correo para que sigamos en contacto?
- Si claro, y dame la tuya.
Intercambiamos direcciones, lo más lógico diría que sería intercambiar números telefónicos, pero no se porqué no lo hicimos, tal vez ella no tenga teléfono.
Es mejor intercambiar direcciones de correo, no es tan formal y no te comprometes tanto a comunicarte con esa persona; al menos es mi parecer a diferencia de un número telefónico; aunque puedo estar equivocada. También de las llamadas por teléfono se puede uno zafar, de la obligación de corresponder saludos. Cuando uno quiere pasar desapercibido o seguir escondido, lo de menos son las excusas para seguir en contacto. Perdí el papelito en que escribí el número (o dirección), no los anoté bien; o simplemente decirse a uno mismo: no quiero ningún contacto, sólo fue por cortesía.



jueves, septiembre 23, 2004

Quince días. El tiempo vuela cuando debería de gatear; y cuando gatea, debe correr; y cuando corre debería volar. Y parece que nunca está uno contento.
El trabajo ahí está, va, va. Tengo que ponerme al corriente y mucho que estudiar, repasar, leer, etc. Mi entendimiento no me ha fallado y pos' hasta la fecha no me ha quedado mal.
Esto de la geometría... ya no me acordaba.

¡Malditas medicinas que me tengo que tomar!, ¡Odio los jarabes o cualquier cosa parecida!.
¿Qué?, ¿principios de gastritis?, ni modo a tomarme todo lo que me recetaron, si es que quiero seguir echándome mis tacos con mucha salsa bien picosa, o mi rico y delicioso express cortado.
Ya me dio hambre. uff!


Siento como si tuviera una liguita, que no quisiera estirarse, ay!, ay!, con cuidado que soy frágil. Por el momento , claro.

lunes, septiembre 13, 2004

Un dolor de estómago, nauseas, ir al baño a regresar todo lo que había comido hasta el momento. Dolor que ahí estaba.
En la consecuente visita al doctor, mala noticia: tiene usted un cuadro agudo de apendicitis, dijo. O algo por el estilo entendí.
Así, en menos dos días, sin siquiera pensarlo, me encontraba tendida en el quirófano esperando la extirpación, pronta y expedita, de mi traidor apéndice.
Todo pasó en un tris. Si en mi vida me habían sacado sangre y nunca había enfermado de gravedad de algo, ahora si las pague todas juntas. Recuerdo que antes de la operación adolorida como estaba, le pregunté al doctor: ¿Porqué pasa esto con el apéndice?, a lo que el doctorcito me contestó con una sonrisa un poco amarga: Mala suerte, simple mala suerte.
¿Mala suerte?, debe ser, mis hábitos alimenticios nunca han sido malos y antes podía presumir de no haberme enfermado de gravedad de nada. No sé, el doctor me explicó el porqué pasa, y si, parece cosa de mala suerte. Aunque hay personas que tienen otras opiniones.
Si fue mala suerte … ¡creo que la he de tener muy mala desde siempre!; que recuerde, en mi vida me he sacado aunque sea un “chicle” de premio. Nunca he creído tanto en eso de la suerte, sea buena o mala, pero si lo pienso mejor, esto de la apendicitis si en lugar de haber sido la parte “mala” de la suerte, hubiera sido la “buena” me hubiera ganado un premio de la loteria.
Dicen que la suerte se la crea uno, pero pos’ no sé… hay otra cosa: he dicho que casi no enfermo, y tiene un tiempo que ni siquiera de algo como una tos. ¡Ah! ¿Pero que es lo que ocurre en estos momentos?, pues resulta que al día siguiente de la operación comencé con una molestia en la garganta, y ahora durante mi convalecencia, ésta se ha transformado casi en una tos, y para los efectos de estar post-intervenida quirúrgicamente, obviamente que el resultado es … digamos “incómodo”.
Creo que la suerte anda conmigo, y no precisamente la “buena”.

viernes, septiembre 03, 2004

Veo la fecha, y entonces hago cuentas … ¡Vaya!, ¡Si que pasa el tiempo! Cuando parecía que se detenía y a veces como queriendo retroceder, resulta que siempre si va para adelante. ¡Ilusa de mi si pensé algún día lo contrario.!
Mi blog, entró en la cuenta. Ahí va, ahí va; un poco abandonado el pobrecillo, pero pues así es la vida: no siempre podemos hacer lo que queremos, en el momento que lo deseamos. Me he sentido un poco desligada de este “mi lugarcito” y es en parte por falta de tiempo. Y no en el sentido de que quisiera veinticinco horas al día para hacer un sin fin de cosas. No, sino que mi cabeza anda tan preocupada por cosas instantáneas, que no puedo pensar con detenimiento en cosas que de verdad me haga falta analizar. Como el porqué de mi orgullo que raya en la soberbia, en mi casi nula capacidad para verle el lado bueno a lo que pasa (siempre me dicen “únete a los optimistas” pero la verdad nomás como qué no se me da) y ese tipo de cosas. ¿Relevantes?, para mi lo son. También podría analizar con detenimiento algunos de los sucesos políticos, así como sociales que le pasan a este mi queridísimo país. ¿Porqué no lo hago?, pues por simple egoísmo. Un egoísmo marcado desde no sé cuando en mi cabeza, y del cual se me hace muy difícil desprenderme. El mismo que me ha hecho comenzar este blog, y hacerme de la vista gorda a los problemas de algunas personas, ya que los míos siempre están primero.
¿Necesito un cambio de actitud? Tal vez, en este momento estoy en mi etapa cínica; o tal vez siempre sea así; o tal vez solo son alucinaciones mías, de un día en que se me escapa el “super yo” y se quiere apoderar de “mi universo”.. En fin, los días pasan, las cuentas se hacen , y yo aquí como dijera un amigo “cabeceando, cabeceando…” (eludiendo los golpes).