El día está destellante. Salgo del trabajo, (un lugar algo oscuro) entornándo los ojos y protegiéndome de esta luz tan deslumbrante. Me duelen los pies.
Encuentro un par de calles adelante una compañera de escuela de hace algunos años.
- ¡tanto tiempo sin verte!, me da gusto que nos hayamos encontrado, ¿como estás? ¿cómo te ha ido?
(demasiadas preguntas y tan poco que quiero contestar)
- A mi también me da gusto verte, y pues me voy bien, recuperándome de una operación reciente.
(información que se me "chispoteo")
- Pero veo que ya estás bien, me da gusto, ¿me das tu dirección de correo para que sigamos en contacto?
- Si claro, y dame la tuya.
Intercambiamos direcciones, lo más lógico diría que sería intercambiar números telefónicos, pero no se porqué no lo hicimos, tal vez ella no tenga teléfono.
Es mejor intercambiar direcciones de correo, no es tan formal y no te comprometes tanto a comunicarte con esa persona; al menos es mi parecer a diferencia de un número telefónico; aunque puedo estar equivocada. También de las llamadas por teléfono se puede uno zafar, de la obligación de corresponder saludos. Cuando uno quiere pasar desapercibido o seguir escondido, lo de menos son las excusas para seguir en contacto. Perdí el papelito en que escribí el número (o dirección), no los anoté bien; o simplemente decirse a uno mismo: no quiero ningún contacto, sólo fue por cortesía.



